Nov 06 2018

Periodismo vs Dignidad Humana

En Nicaragua cualquier hijo de vecino puede ser periodista. Basta que cualquier atrevido grabadora en mano y sin baterías o con una libreta –aunque no sepa escribir- se acerque a cualquier persona que esté dando una declaración para que se crea la mentira de que efectivamente tiene a su alcance un reportaje o una noticia y que eso lo convierte inmediatamente en periodista.

Hace muchas décadas atrás así empezaron también los que ahora son los grandes en esta profesión o en este oficio. Esos que ya el tiempo comienza a llevarse eran autodidactas e insaciables devoradores de libros que almacenaban en la memoria enormes anaqueles de cultura general, bellas artes y cualquier otra cosa que documentara y sacara brillo a cualquier noticia, reportaje o comentario.

Había que ver la clase de formación que tenían aquellos grandes señores que siendo empíricos en su natural vocación periodística eran aceptados por la sociedad y además de aceptados creídos.

Para aquellos entonces los periodistas eran personalidades. Eran percibidos como grandes señores y la gente que entraba en relación con ellos los trataba con altas dignidades y las puertas se les abrían de par en par, aun así estuvieran en la antesala de las oficinas del funcionario más criticado del gobierno. Esos personajes ganaban plata. No eran muchos, pero ganaban plata y eran viajeros del mundo sin que les costara un centavo porque las invitaciones sobraban.

Hoy las cosas han cambiado. Ahora hay cualquier cantidad de periodistas y de medios y es que la sociedad ha crecido, el país ha crecido y todo es más grande y aunque la demanda por la información es mayor en radio, prensa y televisión, su contenido se quedó pequeño por muchas razones y la principal es que se perdió el ingrediente humano para tratar la noticia, perdimos de vista la capacidad del daño que podemos causar en el manejo de la información tanto en las personas como en la sociedad misma.

Hoy es común escuchar a las personas decir que viven tranquilas porque no oyen, no leen, no ven noticias. Es decir, hoy somos la causa fundamental en el desequilibrio anímico del país y de los ciudadanos y de ahí lógicamente que sobren los que en vez de atendernos tiren las puertas en nuestras narices.

El periodismo nicaragüense ha perdido los brillos de antaño porque entre otras razones su formación fue masificada. Ahora por ser tantos hemos creado nuestra propia crisis y el oficio está llevando a muchos a la indigencia. Vemos por un lado a centenares de egresados de las universidades y por otro a una gran cantidad de bachilleres entusiastas que te dicen yo quiero estudiar periodismo. Está bien que el Colegio y las asociaciones gremiales exijan ahora un título universitario para ejercer, pero en el terreno no es el cartón lo que determina la calidad del profesional. Estos muchachos cuando salen de la universidad se estrellan con una realidad distinta a la que les dictaron en los recintos y una gran cantidad se queda en el intento de arrancar porque penetrar las fuentes en medio de tantos, en la búsqueda del mismo fin, es una tarea titánica que toma años.

Técnicamente el periodismo, como vaso comunicante de la sociedad, tiene parámetros, reglas o formas de ejercicio, que más que doctrinales, son profundamente éticas. Así las cosas, el periodista debe entrevistar no interrogar. Debe entender que la opinión se hace a través del comentario y que la noticia propiamente dicha es blanco y negro en el quien, donde, cuando, como y punto.

Independiente de quien esté frente a la cámara, al micrófono o a la libreta del reportero, lo que debemos de tener en cuenta es que nuestro interlocutor es una persona, no un enemigo, que sea cual sea el caso lo único que le debemos conferir es el beneficio de la duda.

Debemos realizar que somos demasiado importantes, que el elemento político, social y económico de éste país depende de nosotros para fijar posiciones. Actuar pensando que tenemos encima la toga judicial cada vez que hacemos una entrevista, escribimos una noticia y diagramamos un reportaje lo único que causa es frustración y desánimo entre los nicaragüenses que saben interpretar la diferencia entre la objetividad de una nota y lo que es una opinión para plantear un debate o una polémica.

Tantas cosas se dicen y tantas cosas se inventan que quien recibe la noticia a veces prefiere apagar, porque el periodismo negro del que hablo nos mantiene a todos en un virtual estado de guerra donde se atiza y se magnifica para que el pleito ascienda en vez de apaciguar las tormentas entre las partes para que cesen las tempestades y sobre ello no hemos aprendido nada.

Me da pena decirlo, pero aquí hay políticos que juegan a ser periodistas. Tienen canales de televisión, periódicos, radios y plataformas digitales desde donde todos los días hacen sus mítines de campaña para desbaratar al país a través de la mentira y del odio, a provechando un libertinaje único en el continente.

Estos dueños de medios mandan a sus reporteros a la calle no a hacer periodismo sino a cubrir eventos concebidos y planificados con premeditación, alevosía y ventaja para fabricar noticias y después magnificarlas y ubicarlas en el contexto de protestas que jamás tuvieron nada de pacífico ni de cívico, pero que sirven para confundir internamente y mentir externamente.

Cómo he visto colegas, a los que antes respetaba en la gremialidad, aun sabiendo que jamás coincidimos en los enfoques de la vida nacional, destruir su prestigio por responder, ya ni siquiera al interés político de alguien en particular o de algún grupo, sino por responder a las líneas editoriales que desde afuera les dicta el imperio norteamericano para dejarse usar e ir contra el interés de su propio país.

Los que me ven, oyen y leen podrán decirme que tampoco yo me quedo al margen porque al final soy un aliado del gobierno, pero la gran verdad es que hay una gran diferencia, yo no incito, ni promuevo, ni invito ni directa ni indirectamente a que se mate a alguien, a que se pongan tranques, a que se torture a un ciudadano por ser sandinista, a quemar un bien público o privado, a aplaudir y exaltar a nadie que con sotana proclame el odio desde los púlpitos, ni me vuelvo loco de felicidad porque vienen los portaaviones del que paga, ni ando sobrándome en brutalidades diciendo “vamos ganando” cuando aquí perdió el país, como si nuestra tragedia se tratara de un juego de pelota, de naipes o de dados, yo no me lleno la boca hablando de corrupción cuando soy un fantasma cobra cheque que condenó a cientos de nicaragüenses a 30 años de cárcel desde los tribunales populares anti somocistas, yo no pongo cara de payaso para anunciar o comentar cada tragedia desde la comodidad de una tacita de café, tampoco editorializo desde la página de un periódico que en realidad es un partido de papel desde donde todos los días la paz de este país es asesinada por una cañonera en ráfaga que la chamorrada viene gatillando desde hace muchas décadas atrás contra todo lo que vean como beneficio para los pobres y como amenaza para la oligárquica sangre azul de la que son parte.

Los periodistas debemos ser reguladores de nuestra propia ética. Ninguna otra ocupación en el universo laboral puede tener tanta cuota de responsabilidad en el crecimiento o en el hundimiento de un país como esta y no se nos ocurra creer que, por su ejercicio, que a muchos nos convierte figuras públicas, eso nos otorga impunidad para hacer lo que se nos antoje.

Podemos ser capaces desde la capacidad de cada quien, de generar opinión, pero eso no nos privilegia, no nos hace más que nadie, no somos ciudadanos que estamos encima de otros en relación a las leyes y si las hacemos las pagamos y si delinquimos la acción de la justicia sobre el periodista nada tendrá que ver con la libertad de prensa o expresión, aunque sí mucho con aquello de que uno es la suma de sus propios errores y aquí hay unos cuantos que han empujado a otros a cometer horrores de sangre.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA

Por: Moisés Absalón Pastora